La Saprolegnia es una de las pocas afecciones de nuestros peces que está ampliamente estudiada. Obviamente no se debe a la frecuencia con que ataca a los acuarios sino al perjuicio económico que provoca en las granjas de peces para consumo humano como por ejemplo las de salmón en Chile.

Es una mezcla de hongo y alga: no es ni una cosa ni la otra, de hecho pertenece a un reino taxonómico aparte si bien tiene características de uno y otro. Este oportunista ataca al pez cuando éste ve afectadas sus defensas por alguna razón.
En general comienza colonizando tejido muerto y luego avanza sobre el tejido vivo, aunque puede iniciarse directamente sobre tejido vivo si las condiciones son las adecuadas; o sea, si el pez está estresado y, por esta razón, sus defensas están debilitadas abriendo paso a la infección. Es por esta razón, que el hacinamiento de los salmones en las granjas de cría, (para continuar con el ejemplo pero podríamos hablar de otras especies como la trucha) y a pesar incluso de los antibióticos que se les suministra como prevención, son esperables los brotes de saprolegnia.

Los peces poseen una barrera de protección primaria que tiene que ver con la secreción de su piel: el mucus, que es una barrera entre el pez y su ambiente. El mucus contiene proteínas y carbohidratos y previene la colonización en su superficie, de parásitos, bacterias y hongos, a través de una continua pérdida y reemplazo. Cuando esa primera barrera falla, la piel del pez es sensible al ataque. En peces sanos y fuertes es difícil que se propague pero en peces con inmunodeficiencia es muy probable que lo ataquen hasta producir la muerte.

Cualquier antimicótico de primera marca es efectivo para el tratamiento. El problema es que deberíamos detectar cuales son las causas por las que este agente oportunista atacó a nuestros peces. En general, para acuarios establecidos, esto se debe a condiciones adversas en cuanto a temperatura, Ph o alteraciones en el ciclo del nitrógeno. Puede ser también, que la llegada de un individuo infectado propague la enfermedad al resto más allá de que las condiciones biológicas del acuario estén perfectas. Sin colonizar tejido, generalmente la saprolegnia se reproduce lentamente de forma asexual; una vez colonizado un individuo, la reproducción es sexual y mucho más rápida, ya que “ha encontrado un sustrato conveniente” dice la bibliografía que, en este caso, es el tejido del pez.

Ahora bien, en peces de mayor tamaño como las carpas y algunos cíclidos, por ejemplo, conviene mientras se busca qué desencadenó el problema, tratar a los peces individualmente sin alterar el acuario principal ni estresar al resto. Los baños en sal marina hasta el 5% durante un minuto, es una primera acción eficaz. Por un lado elimina el mucus infectado y por otro promueve la aparición de nuevo (conviene empezar con baños del 1% durante 30 segundos si no se tiene información de la capacidad de la especie para adaptarse al medio salobre).Este tratamiento repetido 2 o 3 días debe complementarse con el uso de azul de metileno directamente sobre la infección: Tomando al pez y sacándolo del agua unos segundos mientras se unta el producto por medio de un hisopo. El azul de metileno es un colorante que funciona como antiséptico por contacto y es eficaz contra microorganismos pero no es selectivo, por lo que usado indiscriminadamente en el acuario alterará el ciclo del nitrógeno afectando a las bacterias que se encargan del proceso.

Es muy difícil que un pez de acuario muera por saprolegnia pero como agente oportunista, lo debilita aún más abriendo la puerta a infecciones mucho más agresivas. Es indispensable, por lo tanto, actuar ante el primer síntoma; o sea, apenas veamos las manchas algodonosas típicas de la infección. En estanques, es común que la enfermedad se presente y que la detectemos mucho más avanzada que en un acuario. Esto es debido a la perspectiva que tenemos a la hora de observar al pez pero, sobre todo, al hacinamiento que muchas veces experimentan por la dificultad para censar y calcular sobrepoblación